Politik. Viernes 2 de septiembre de 2016.

 

https://www.freitag.de/ausgaben/3516

 

MARTA PLATÍA

Freitag, 2.09.2016 |

Keiner zeigte Reue/ Ninguno mostró arrepentimiento /

 

Der Freitag, Berlín, Alemania, Viernes 2 de septiembre de 2016.

Der Freitag, Berlín, Alemania, Viernes 2 de septiembre de 2016.

Der Freitag, Berlín Alemania, viernes 2 de septiembre de 2016. Página 10. Política.

Der Freitag, Berlín Alemania, viernes 2 de septiembre de 2016. Página 10. Política.

 

Der Freitag, Berlín, Alemania. Viernes 2 de septiembre de 2016.

Va la versión castellana de la nota aparecida en Der Freitag tras el final del Megajuicio La Perla –Campo de La Ribera.

Argentina: en uno de los más importantes procesos legales del país, los jueces hablaron: cadena perpetua para 28 asesinos de la dictadura.

Ninguno mostró arrepentimiento /

 

MARTA PLATÍA

Con una multitud de más de 10 mil personas frente a los Tribunales, terminó en Córdoba el megajuicio La Perla-Campo de La Ribera: dos de los más grandes campos de concentración que hubo en la Argentina durante la última dictadura cívico-eclesiástico-militar.

El juez Jaime Díaz Gavier, presidente del Tribunal Oral Federal N°1, leyó una a una las 38 condenas y 5 absoluciones a los 43 acusados por delitos de lesa humanidad en una sala repleta y silenciosa en la que, a cada sentencia, a cada una de las 28 penas a prisión perpetua que dictó, le siguió un bramido que venía desde afuera y hacía temblar los huesos del alma. El Tribunal, que completaron Julián Falcucci, José Camilo Quiroga Uriburu y Carlos Ochoa, resolvió 10 condenas que van desde los 21 años de prisión a los dos años y seis meses; y 5 absoluciones.

El día, que ha marcado historia en el país, fue el jueves 25 de agosto de 2016. Era la audiencia 354 luego de un juicio que duró “tres años, ocho meses y 27 días” según contabilizó el propio juez. Desde el 4 de diciembre de 2012 hasta este fin de agosto de 2016, declararon 581 testigos en una causa que involucró a 716 víctimas. De ellas, 279 están desaparecidas.

En ese final de juicio el ex general Luciano Benjamín Menéndez, que el 19 de junio cumplió sus 89 años, superó su propio récord en cuanto a condenas a prisión perpetua: sumó la número 12. Con ésta, “el Cachorro” o “La Hiena”, como también lo llamaban sus hombres y sus víctimas, tiene 14 en total, ya que cuenta otras dos por una veintena de años. Menéndez fue el general más duro que tuvo el dictador Jorge Rafael Videla: asoló diez provincias del centro y norte de la Argentina y se movió por ellas al arbitrio de su pulsión de muerte.

El juicio arrancó con un total de 58 imputados, de los cuales 11 murieron durante el proceso. El primero de ellos, Aldo Checchi –un represor que se hacía pasar por ginecólogo para abusar de sus víctimas- se suicidó de un balazo apenas 24 horas antes de que se iniciaran las audiencias en un hospital militar. El último, Fernando Andrés Pérez, un ex policía que integró la patota del D2 -la Gestapo cordobesa- y el Comando Libertadores de América: la versión local de la Triple A, murió sin condena durante la feria judicial de invierno.

 

Quemados en pozos

Antes de que los jueces se retirasen a deliberar previo al veredicto, todos tuvieron derecho a sus últimas palabras. Menéndez, hizo su acostumbrada diatriba en la que repite que son “soldados victoriosos injustamente juzgados”; pero en esta oportunidad hubo una variante: negó haber robado el nieto de Sonia Torres, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba. Esta es la primera vez que se lo acusa por “robo de bebés” en el marco del “Plan sistemático de exterminio de opositores políticos” que infligió la dictadura militar a este país.

Ninguno de los acusados se arrepintió de nada. Ninguno dijo dónde enterraron a los desaparecidos, ni dónde están los nietos que robaron y entregaron. Al contrario: uno de ellos, Exequiel “Rulo” Acosta, se ufanó de sus crímenes y dijo masticando cada palabra “no tengo nada de qué arrepentirme”. Otros reos, directamente amenazaron a los jueces. Ernesto “el Nabo” Barreiro, uno de los pocos que todavía no contaba con ninguna condena, les vaticinó “el noveno círculo del Infierno de Dante (Alighieri, en La Divina Comedia), y los amenazó con un juicio “como el que hubo en Nürenberg a los jueces (del Tercer Reich)”.

Los jueces escucharon con paciencia. El sábado, en una entrevista con la autora, el juez Jaime Díaz Gavier dijo “Los juicios de Argentina son mucho más de lo que pasó en Nürenberg: los tribunales allí fueron constituidos por jueces de los países triunfadores, de los Aliados. Nosotros lo hicimos aquí con nuestros magistrados y nuestra legislación. Argentina se atrevió a juzgar los crímenes del terrorismo de Estado”.

Este megajuicio tuvo hitos que, en una línea de tiempo, podrían demarcarse tanto por lo atroz de cada testimonio; como por la importancia documental. Entre los testigos, sobresalió el del arriero José Julián Solanille, quien aseguró haber visto al propio Menéndez presenciando –y ordenando- un fusilamiento masivo frente a las fosas comunes en las que arrojaban y luego quemaban a las víctimas “tabicadas (los ojos vendados en la jerga de los asesinos) y maniatadas”. En cuanto a documentos, hubo notas tipeadas y firmadas de puño y letra por algunos de los imputados con mayor jerarquía militar, como Barreiro o del ya muerto Bruno Laborda, quienes quejándose por no haber sido ascendidos, narraron las matanzas de las que fueron parte para lograr ascensos.

Bruno Laborda, ya en democracia, en 2004, en una carta que dirigió a Ricardo Brinzoni, el entonces jefe del Ejército, detalló cómo asesinaron a Rita Alés de Espíndola. Cómo todo un pelotón de fusilamiento acribilló a una joven en camisón que, pocas horas antes, había parido a su beba esposada a una cama. Laborda describió hasta “el olor del miedo” que desprendía la chica, sus ruegos para que no la asesinaran, y cómo él no “olvidaría jamás” lo vivido. Fue él quien también se quejó de los dolores y pesadillas que le dejó su tarea de “desenterrar con topadoras y palas mecánicas” los restos de los masacrados, para “trasladarlos en tachos de 20 litros” desde los campos de La Perla hasta “las salinas de La Rioja” -en el norte argentino-, para hacerlos desaparecer.

 

Pacto de silencio

Nadie de los que estuvieron presentes en testimonios-río como los de Piero Di Monte, o Graciela Geuna –sólo por nombrar algunos-, podrá olvidar sus definiciones de la tortura “de la que jamás se vuelve”; de la vida y la muerte “encerrados en un segundo que se vuelve eterno para el resto de la existencia”, si es que se tuvo la posibilidad de conservarla; de la tenaz saña, del sadismo de la caterva torturadora. De seres que se creían y definían “dioses” en los campos de concentración, y que a los prisioneros los llamaban “muertos vivos” para recordarles que podían asesinarlos de un momento a otro. Que su vida era sólo una cuestión de voluntad o capricho de los cancerberos quienes podían apagarlas como a una vela.

En este juicio hubo testigos de contexto que ayudaron a comprender el andamiaje en el que se produjo el politicidio: como la escritora e investigadora francesa Marie-Monique Robin, quien no dudó en abrir su aporte diciendo “fue una enorme tristeza para mí que mi patria, la de la Libertad, Igualdad, Fraternidad, fuera también la creadora de los “Escuadrones de la muerte, de la llamada Escuela Francesa” cuyos atroces métodos describió en el libro “La guerra moderna” el militar galo Roger Trinquier quien, en pocas palabras, englobó su principal parámetro “la obtención de información a través del dolor”, de la tortura.

Otra de esas testigos fue la titular de Abuelas de Plaza de Mayo de la Argentina, Estela de Carlotto, quien llegó a respaldar a su colega cordobesa, Sonia Torres: la pequeña gran mujer de ya 86 años, que sigue buscando a su nieto: el bebé que su hija Silvina Parodi parió en cautiverio el 14 de junio de 1976. Ese ya hombre por el que, por primera vez, logró acusar a Menéndez en el plan sistemático de robos de bebés. En este punto se entrelazaron los relatos de las tres testigos. Marie-Monique Robin dijo: “Lo que no pasó en Argelia, el robo de bebés, pasó acá, en la Argentina. Es que en Argelia los chicos tenían caras de árabes, así que (los franceses) no los querían ni adoptar. Eran racistas. Los mataban junto a sus familias luego de las torturas y los arrojaban desde aviones al mar. Eran “los camarones de (Paul) Aussaresses” (uno de los jefes de la Organización de la Armada Secreta OAS).

Según detalló Robin, la OAS llegó a la Argentina por invitación de los militares en 1959 y se afincaron en todo un piso del Edificio Cóndor, la sede del Ejército que está detrás de la Casa Rosada: la casa de Gobierno. Un dato que el mismísimo represor Alcides López Aufranc (también llamado “el Conde”), le reveló en el documental que Robin filmó, y en el que también entrevistó a los jerarcas Ramón Díaz Bessone y Albano Harguindeguy. Personajes que no tuvieron reparos en admitir la matanza sistemática y las desapariciones “no podíamos fusilar y entregar los cuerpos. Si hacíamos eso, el mundo se nos venía encima. Hasta el Vaticano se nos iba a venir encima”.

La francesa también habló de Estados Unidos y su responsabilidad en la instalación de las dictaduras en toda Latinoamérica, a partir de la de Chile en 1973, en la que el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger tuvo un rol decisivo a través del llamado “Plan Cóndor”.

Pero quizás el más insólito de los testigos de este juicio fue el hijo de uno de los imputados: Carlos Alberto Quijano, quien había sido uno de los jefes de la Gendarmería. Muerto el jerarca, el joven detalló cómo, cuando apenas era un adolescente de 14 años, su padre lo había obligado a trabajar en las patotas que irrumpían en las casas de las víctimas a las que robaban y golpeaban y, en su caso “manejar autos” y “destruir papelería”, y hasta presenciar asesinatos.

El clímax del transcurso de este juicio ocurrió el 21 de octubre de 2014, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) encontró por primera vez restos óseos humanos en el predio militar que rodea al ex campo de concentración La Perla, en los Hornos de La Ochoa: nada menos que la estancia donde Menéndez pasaba sus fines de semana. Allí se encontraron, y luego identificaron, los restos de Lila Rosa Gómez Granja, Ricardo Saibene, Alfredo Felipe Sinópoli Gritti y Luis Agustín Santillán Zevi: todos estudiantes de Medicina y militantes de la Federación Universitaria Peronista. Los cuatro fueron secuestrados el 6 de diciembre de 1975 en el Parque Sarmiento de Córdoba, cerca de la Ciudad Universitaria.

Fue a raíz de este hallazgo que ocurrió el siguiente pico de (alta) tensión de estos casi cuatro años de audiencias: el 10 de diciembre de ése año, y justo en el día de los Derechos Humanos, el represor Ernesto “Nabo” Barreiro se levantó de su asiento y le dio al Tribunal, por primera vez en lo que va de estos juicios por delitos de lesa humanidad en todo el país, una lista de 18 nombres de desaparecidos y la localización de una última víctima “innominada”. El corolario de esta sucesión fue que los cuatro estudiantes de medicina estaban, como señaló el reo en su lista, “enterrados” juntos.

Fue el fiscal Facundo Trotta quien señaló “eso significa que saben dónde están, que tienen intactas sus bases de datos. Y que si no dicen dónde están los desaparecidos, es porque no quieren”.

El juicio terminó y el pacto de silencio de los represores no se rompió. Se sabe que Menéndez había ordenado que todos maten para que todos tuviesen las manos manchadas de sangre y no pudieran hablar sin ser acusados. Es evidente que esa estrategia ha funcionado. Después de esa lista nadie abrió la boca. Tampoco se arrepintieron de nada. De absolutamente nada. Es más: luego de la sentencia, algunos de los condenados hasta insultaron a los familiares de las víctimas, a las Abuelas y a los sobrevivientes. El juez, a los gritos, ordenó sacarlos de la sala. Cuando pasaban cerca del estrado del Tribunal, hubo quienes insultaron también a los jueces.

En la calle, el verano pareció haberse adelantado: bajo un sol ardiente y con más de 30 grados en pleno invierno, la multitud festejaba, lloraba, reía, bailaba y se abrazaba cantando: “Como a los nazis/ les va a pasar/ adonde vayan los iremos a buscar”.

Destacados de la edición alemana:

-Impunes hasta ahora. El rol de Estados Unidos como padrino de los coroneles.

-El ex general Menéndez tiene hasta ahora doce condenas a cadena perpetua.

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Milagro: todo lo que el poder odia

Milagro Sala

Milagro Sala

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Por Marta Platía.

Noche de sábado. Fernando Martín Peña acaba de hacer una magnífica entrevista al actor francés Gerard Depardieu. Una de ésas que escasean. Se habla estrictamente de lo profesional: de las películas filmadas, de las técnicas de actuación, de los directores, del aprendizaje autodidacta de un Depardieu que no pudo ir a la escuela secundaria pero se construyó a sí mismo con lecturas de clásicos, intervenciones en la nouvelle vague de Francois Truffaut y Claude Chabrol –entre otros-, y en el descubrimiento y utilización de un oído absoluto que paradójicamente, lo enmudeció hasta que un médico lo rescató de la ignorancia del porqué del caleidoscopio de su aturdimiento.

 

En la entrevista surge Danton: la película que filmó con el director polaco Andrej Wajda en 1982. Depardieu cuenta lo que significó para él protagonizar a un hombre fundamental de la Revolución Francesa. De la ejecución de Danton en la guillotina (en abril de 1794). De la persecución política. De sus muchas muertes en el cine: las del revolucionario, y de las suyas como actor. De las dictaduras en Latinoamérica. De los dictadores. De los abusadores del poder.

 

Ni bien termina la charla, se proyecta la película de Wajda. Y lo que se comienza a ver como un filme de época –está situado 5 años después de la Revolución de 1789-, va incrustándose en estos días sin pedir permiso.

 

-¿Podemos ganar el proceso? – pregunta desesperado el periodista Camille Desmoulins al intelectual Philipeaux. Ambos están encerrados en una celda del régimen de Terror de Robespierre para ser juzgados y ejecutados junto a Danton.

-No –le contesta seco, casi con fastidio el compañero-. Esto es un proceso político. Y la política no tiene nada que ver con la justicia.

 

No. Nada que ver. El juez Antoine Fouquier ha recibido una orden bien clara: “A Danton no hay que dejarlo hablar. Todos saben de la fuerza de su voz”, le ha dicho Maximilien de Robespierre, el líder de los jacobinos, cuyo régimen Danton está dispuesto a combatir.

 

A Milagro Sala tampoco había que dejarla hablar. No ante los micrófonos de la prensa. Los jueces, presididos por Mario Juárez Almaraz, prepararon una acordada para impedir que los micrófonos permanecieran en el recinto. La sagacidad de su defensora, Elizabeth Gómez Alcorta, y la de Paloma Alvarez Carreras –quien tiene a cargo la defensa de Graciela López, una de las compañeras presas con Sala- lograron que se escuchara la voz de quien no la tiene desde hace casi un año de prisión ilegal.

 

Similitudes de dos juicios que tienen entre sí un abismo de 222 años. A Danton lo acusan de “corrupción y de venderse”. Danton que no sólo es abogado, sino una de las verbas sobresalientes de la Revolución, los denuncia: “¡Para acabar con alguien, se lo acusa de todo! Es un viejo método, pero veo que lo han mejorado. Ustedes quieren hacernos olvidar la ley, porque los justos siempre molestan a los políticos, hoy más que nunca”.

 

Ese hoy era abril de 1794 en París, Francia. Ahora, en este diciembre argentino de 2016, Milagro Sala que no es abogada, pero que como Danton cree en cambiar el orden establecido por los poderosos, en la revolución; y que como Danton “tiene la fuerza de su voz, porque habla con la voz del pueblo”; también acusa: “Lo de Gerardo Morales es una persecución de ocho años que vengo sufriendo, porque siento que la molestia de él es que los negros nos pudimos organizar, que los negros no dependimos de sectores políticos, que los negros decidimos organizarnos y que inculcamos a los compañeros que tenían que estudiar y prepararse y que no teníamos que bajar la cabeza por nada del mundo”. Sala, como Dantón, se defiende “si yo lo hubiera organizado (las protestas a huevazos contra Morales, por las que fue inicialmente encarcelada) habría estado al frente (…) Nunca me he escondido de nada porque así me he criado. Siempre estuve al frente”.

 

Cuando el magistrado francés va a pedir indicaciones a su jefe político, Robespierre le grita en la cara “¡Queremos que Danton muera. Arréglate para justificar el veredicto!”. La justicia allí no tiene ni intenciones de ser independiente. Como tampoco parece tenerlas en la Jujuy de Gerardo Morales, en la cual la cúpula partidaria y legislativa de la UCR hasta arma partidos de fútbol “en su apoyo” por el caso de la líder coya: la presa política de la era Macri cuya libertad exigen la comunidad internacional, las Naciones Unidas y la OEA.

 

En la pantalla Danton sigue hablando. Sabe que será condenado. Pero también sabe que será recordado por los citoyens (ciudadanos) que le acompañaron a asaltar la Bastilla: “Otra de mis culpas –alega- fue ser popular y fuerte, cuando sólo el oscurantismo y la mezquindad garantizan una vida larga y tranquila”. Milagro también es culpable como lo fue Danton. Pero lo es aún más. Milagro declara y confiesa ser culpable de ser mujer, negra y coya: “Y no tengo vergüenza de decirlo, estoy orgullosa de ser coya. Y creo que todas esas son las cosas que le han molestado a Morales y si él sintió eso, le pido perdón. Si le molestó eso, le pido perdón”, recogió la periodista Alejandra Dandán en su crónica para el Página 12.

 

Es que para el establishment restaurador, la líder de la Túpac Amaru, es la suma de todos los males. Milagro es todo lo que el poder odia, parafraseando el título del libro del cordobés Alexis Oliva sobre otra rebelde, Viviana Avendaño.

 

Andrej Wajda no da tregua. Su relato sobre los últimos días de Danton es ríspido, profundo y directo. Antes de que lo pasen por la guillotina –con el veredicto decidido de antemano- el condenado le vaticina a su rival “mi muerte será tu muerte”. Y se lo repite, con la poca voz que le queda después de días de alegato, al pasar por su casa en el carro en que lo llevan atado, junto a otros cinco compañeros, camino al cadalso. Fue el 5 de abril de 1794. Poco más de tres meses después, el 28 de julio, rodó la cabeza de Robespierre.

 

En la película el final que trazó Wajda es de una belleza aterradora. El jefe de los jacobinos, tan estricto como de aguda inteligencia política, sabe que ha cometido su error capital. Que ése será su fin. Que sólo es cuestión de tiempo. La imagen de luz blanca, saturada, lo muestra en su cama totalmente cubierto con las sábanas aun cuando es de día. Bañado en sudor, siente que lo llaman. Es su criada. La mujer le trae a un niño a los tirones y le obliga, con orgullo, a recitar lo que a fuerza de golpes le ha enseñado: la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789. Sobrecogido, lívido y temblando, Robespierre escucha el alma de las leyes que ha traicionado a fuerza de ejecuciones y que él mismo ayudó a redactar basándose en la carta magna de la independencia norteamericana de 1776. El pequeño recita: “artículo primero, los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”. La voz del pibe retumba en su cerebro: “libres e iguales en derechos”.

 

De este lado de la historia, y a más de dos siglos, en la Argentina de Macri ha quedado claro que para la corporación político-judicial imperante, el gobernador Gerardo Morales, ex diputado, ex senador y ex Secretario de Desarrollo Social del gobierno de Fernando de la Rúa; y la mujer coya, la negra, la Flaca, la presa política Milagro Sala, tampoco lo son.

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MARTA PLATÍA

AUSGABE 3216 | 24.08.2016 | 06:00

Sicher ist nur seine Unsicherheit

Argentinien Präsident Macri folgt einem wirtschaftsliberalen Kurs, ohne wirklich Herr seiner Macht zu sein

Sicher ist nur seine Unsicherheit

Lässt bisher keine großen Talente erkennen: Mauricio Macri

Foto: Adam Berry/AFP/Getty Images

 

MARTA PLATÍA

Unternehmer müssen die Nähe zur Macht suchen, lautet das Mantra von Franco Macri, Vater des heutigen argentinischen Präsidenten. Und der hat dieses Prinzip perfektioniert. Im Kabinett von Mauricio Macri sitzen nicht Ansprechpartner unternehmerischer Macht, sondern deren Inhaber höchstselbst. Die Ressorts werden fast zur Gänze von ehemaligen Konzernvorständen geführt, die bei Shell, JP Morgan, IBM oder HSBC das Sagen hatten. Damit ist in Argentinien nach der Präsidentenwahl 2015 erstmals eine ultrakonservative Regierung ohne die Hilfe eines Militärputsches an die Macht gelangt.

Die Folgen bekommen die Bürger täglich zu spüren: Die Gaspreise etwa sind seit Anfang 2016 um bis zu 2.000 Prozent gestiegen, anders als die Löhne. Zudem rollt eine Entlassungswelle durchs Land und hat bereits 160.000 Arbeitsplätze gekostet. Die Freigabe des Peso-Kurses und die Streichung der meisten Exportabgaben haben die mächtigen Agrar- und Bergbaukonzerne in einer Weise protegiert, wie das in der jüngeren Geschichte Argentiniens noch nie vorkam. Macris Wahlkampfversprechen „Null Armut“ ist Lichtjahre von der Realität entfernt. Kürzlich meinte er, ohne rot zu werden: „Hätte ich gesagt, was ich vorhatte, wäre ich auch gewählt worden, allerdings als Kandidat fürs Irrenhaus.“ Solche Töne erinnern die Argentinier an Sprüche, die sie – pointierter freilich – von ihrem früheren Präsidenten Carlos Menem (im Amt 1989 – 1999) zu hören bekamen. Dessen Politik der Privatisierungen und geplünderten Staatskassen ruinierte das Land und ebnete den Weg zum Wirtschaftskollaps von 2001.

Clarín gibt, Clarín nimmt

Auch wenn Macri nicht Menems Humor hat, teilt er dessen hochmütige Haltung, wenn ihm Steuerbetrug oder Korruption angelastet wird. Als die „Panama Papers“ enthüllten, dass der Präsident bis zu sieben Briefkastenfirmen unterhielt, verweigerte er zunächst jeden Kommentar und beschränkte sich später darauf, die Schuld seinem Vater zuzuschieben. Die Affäre konnte Macri wenig anhaben, da ihn der rechte Flügel des argentinischen Justizsystems ebenso schützte wie das Medienhaus Clarín, das schon im Wahlkampf sein Bestes für Macri gegeben hatte.

In Argentinien weiß man: Clarín gibt, und Clarín nimmt. Die Entscheidung liegt bei Héctor Magnetto, der einflussreichen rechten Hand von Konzernchefin Ernestina Herrera de Noble. Auf die Frage, ob er nicht selbst Präsident werden wolle, antwortete der, das sei ein „niederer Posten“. Einmal ließ der Mediengigant auch Macri gegenüber kurz die Muskeln spielen, und zwar just am Tag der Stichwahl gegen seinen kirchneristischen Widersacher Daniel Scioli am 22. November 2015. Plötzlich erschien eine Meldung darüber, dass einige Fabriken, in denen Macris Gattin Juliana Awada Kinderkleidung nähen ließ, der Sklaverei bezichtigt werden. Macri hat allen Grund, sich der Macht von Clarín bewusst zu sein. Doch einstweilen sitzt er im Sattel, und Clarín hat sich auf seine Vorgängerin Cristina de Kirchner eingeschossen, mit dem Ziel, sie hinter Gitter zu bringen.

Inzwischen hat Macri mit provokanter Geste dem Mercosur, dem gemeinsamen Binnenmarkt der Staaten Südamerikas, den Rücken gekehrt und kokettiert stattdessen mit der Pazifischen Allianz, um die Rückkehr zu einem engen Bündnis mit den USA voranzutreiben. Zum 40. Jahrestag des Militärputsches vom März 1976 lud er Barack Obama nach Buenos Aires ein, ausgerechnet den Präsidenten des Landes, das seinerzeit die teils faschistoiden Diktaturen Lateinamerikas bei der Operation Condor mit Zehntausenden von Todesopfern maßgeblich unterstützte. Die Opferorganisation der Madres de Plaza de Mayo blieb dem Gedenkmeeting aus Protest fern. Doch ließ es Macri nicht dabei bewenden. Zur 200-Jahr-Feier der argentinischen Unabhängigkeit am9. Juli 2016 lud er Spaniens König Juan Carlos de Borbón ein, der aus ebendem Herrscherhaus stammt, gegen das José de San Martín, Manuel Belgrano, Martín Miguel de Güemes und die anderen Helden der Selbstbestimmung einst kämpften. Kehrseite von Macris unkritischer Bewunderung für alles Nordamerikanische und Europäische ist die tiefe Verachtung des Unternehmer- und Patriziersprösslings für die unteren Schichten der argentinischen Gesellschaft. Zur Erklärung taugt die Vita des 1959 Geborenen.

Mauricio Macri war das erste von fünf Kindern des aus Italien eingewanderten Großunternehmers Franco Macri und der aus einer ultrarechten Patrizierfamilie stammenden Alicia Blanco Villegas. In dem Buch El Pibe (Pibe ist ein in Buenos Aires übliches Rufwort für männliche Jugendliche), das die linke Journalistin Gabriela Cerruti über Macri geschrieben hat, finden sich zahlreiche Episoden, denen zu entnehmen ist, wie der autoritäre Vater den Sohn vor Freunden und Fremden niedergemacht und zugleich darauf getrimmt hat, sein Firmenimperium zu übernehmen.

Vom Vater beschimpft

Macri senior, 1930 in Rom geboren, kam mit 18 Jahren als Bauarbeiter nach Argentinien und brachte es zum Selfmade-Multimillionär. Bewundert für seinen Erfolg und berüchtigt für sein Geschick, sich mit Zivil- und Militärregierungen gleichermaßen ins Benehmen zu setzen, zählt er zu den Architekten der sogenannten patria contratista einem Geflecht von Geschäftskontakten, das einen Staat im Staate bildet. Während der letzten 50 Jahre konnte sich Franco Macri landesweit die wichtigsten öffentlichen Bauaufträge sichern. Als Duzfreund von Fiat-Chef Gianni Agnelli und Teil des konspirativen Netzwerks um Licio Gellis mafiöse Freimaurerloge P2 übernahm er in den 80ern den Vorsitz der Firma Sevel, die Fiat-Modelle in Lizenz für den argentinischen Markt herstellte. Sein Sohn Mauricio allerdings – vom Vater zu seinem Nachfolger bei Sevel gemacht – fuhr die Firma 1996 an die Wand. Für diese und andere Pleiten musste er sich von dem Alten öffentlich beschimpfen lassen.

Um sich derartigem Patronat endlich zu entziehen und wirtschaftliche Misserfolge hinter sich zu lassen, ließ sich Mauricio schließlich zum Präsidenten des Fußballvereins Boca Juniors wählen, das richtige Sprungbrett für erste Schritte in die Politik, die zum Bürgermeisteramt von Buenos Aires führen sollten. Jedoch musste er sich beim Verein Boca mit dem großen Diego Maradona arrangieren, der ihn mit dem Satz zu verspotten pflegte: „Macri riecht noch weniger nach Straße als Venedig.“

Von der rhetorischen Verve seiner Vorgängerin Cristina de Kirchner, die stundenlange Vorträge ohne Manuskript zu halten pflegte, ist Macri weiter entfernt als vom mokanten Charme eines Carlos Menem. Als Redner wirkt dieser Staatschef, der seine Ausbildung allein an Privatuniversitäten erhielt, eher unsicher und bleibt auf vorgefertigte Sätze angewiesen. Er vertraut auf seinen Kommunikationsstrategen Jaime Durán Barba, eine Art Marketing-Rasputin, der zuweilen seiner Bewunderung für Adolf Hitler Ausdruck verleiht und Macri 2015 mit dem WahlsloganCambiemos! (Lasst uns wechseln!) beschenkte.

Durán berät den Präsidenten nicht zuletzt bei seinen Fotoposen. Zwei Motive gingen um die Welt: zum einen Macri mit Frau und kleiner Tochter in seinem Regierungsbüro, ganz im Stil der legendären Bilder von John F. Kennedy mit Jacqueline Bouvier und den Kindern Caroline und John-John im Oval Office. Und zum anderen die Fotos von einer Audienz bei Papst Franziskus – er empfing den neuen Präsidenten seines Heimatlandes äußerst reserviert –, auf denen Gattin Juliana Awada von Kopf bis Fuß wie eine Kopie von Jackie Kennedy erschien und an deren Treffen mit Papst Paul VI. am 2. Juli 1963 erinnerte: das gleiche Schleiertuch, die gleiche Frisur.

Ansonsten ist Mauricio Macri eher ein leidenschaftlicher Freddie-Mercury-Fan und lässt es sich nicht nehmen, den Queen-Sänger zu imitieren und dabei unbeholfen zu tanzen – und sei es auf dem geschichtsträchtigen Balkon der Casa Rosada, auf dem einst Evita und Juan Domingo Perón ihre großen Auftritte hatten. Derpibe, Sohn eines skrupellosen Großunternehmers, lässt bisher keine großen Talente erkennen: Er singt schlecht, tanzt schlecht, redet schlecht. Nach seinen ersten acht Monaten weiß man nur: Nichts ist sicher vor seiner Unsicherheit.

Bezeichnend für diesen Zustand des Souveräns war die Vorstellung, die Ricardo Lorenzetti, Vorsitzender des Obersten Gerichtshofs, am 10. Dezember 2015 bei der Zeremonie zur Amtseinführung Macris gab. Als der neben ihm stand, rang sich Lorenzetti zu einem väterlichen Schulterklopfen durch. So befremdlich diese Geste zwischen einem Obersten Richter und dem gerade inthronisierten Präsidenten wirken mochte, so sehr war sie auch ein Offenbarungseid – Macri ist es gewohnt, als Protegé und Grünschnabel behandelt zu werden.

Marta Platía ist eine argentinische Journalistin und schreibt unter anderen für die Tageszeitung Página/12 in Buenos Aires

Übersetzung: Michael Ebmeyer

Esta es la versión castellana de la nota aparecida este 11 de agosto de 2016 en Der Freitag, de Berlín, Alemania.

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Der Freitag, Berlín, Alemania. Jueves 11 de agosto de 2016.

https://www.freitag.de/autoren/the-guardian/sicher-ist-nur-seine-unsicherheit/

 

El presidente argentino Mauricio Macri sigue un rumbo económico, sin ser verdaderamente dueño de su poder

 

                                      Lo seguro es sólo su inseguridad

 

Nota-retrato de Macri en Der Freitag, de Berlín, Alemania. Jueves 11 de agosto de 2016.

Nota-retrato de Macri en Der Freitag, de Berlín, Alemania. Jueves 11 de agosto de 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Marta Platía

Un empresario siempre debe ser oficialista para estar cerca del poder y beneficiar a sus empresas, solía repetir como un mantra Franco Macri, el padre del actual presidente argentino. Apenas desembarcado en la presidencia, el hijo le dio una vuelta de tuerca superadora al axioma: tomar el poder y beneficiarlas directamente y sin intermediarios políticos. Así, integró su gabinete casi en su totalidad con ex (y muy recientes) Ceos de multinacionales como la Shell, el JP Morgan, IBM o HSBC, entre otras.

 

Así, en sólo seis meses el resultado de semejante restauración de derecha ultraconservadora y neoliberal – la primera que llega a la presidencia sin ayuda de un golpe militar- está a la vista y se padece día tras día: tarifazos de hasta un dos mil por ciento de aumento en los servicios públicos como el gas; sueldos sin aumento; una ola de despidos que arrancó en diciembre y ya arrasó con más de 160 mil puestos de trabajo en el Estado y en el sector privado; apertura hacia el dólar, las importaciones y la más escandalosa transferencia de riquezas hacia los sectores privilegiados agrícolo-ganaderos, industriales y mineros que se ha visto en los 200 años de historia del país. Su promesa de campaña, “pobreza cero” está a años luz de la realidad: en el primer semestre de su mandato hay 4,5 millones de nuevos pobres.

 

Hace un par de semanas y sin ponerse colorado, Macri dijo: “Si yo decía lo que iba a hacer me votaban, pero para internarme en un manicomio”. Los argentinos evocaron de inmediato una frase similar, aunque dicha con más gracia, del ex presidente Carlos Menem cuyo mandato de una década de privatizaciones y saqueo del Estado, dejó al país en ruinas y al borde de lo que sucedió poco después: el estallido social y la caída de la Argentina del 2001.

 

Clarín da, Clarín quita

Si bien Macri carece del humor de su antecesor ideológico, lo que sí tiene en común con él es la naturalización y hasta la soberbia con la que ambos desmerecen los delitos de evasión fiscal o de corrupción que se les atribuyen y hasta se les han comprobado. Sobre el escándalo internacional de los Panamá-Papers, en el que se le descubrieron hasta siete empresas off shore -más otras tantas a miembros de su gabinete-, Macri se negó a responder ante la prensa local y, cuando lo hizo, se limitó a acusar a su propio padre. El tsunami informativo que originó la investigación del Süddeutsche Zeitung que se llevó puesto al llevó puesto al primer Ministro de Islandia y manchó sin remedio al Premier británico David Cameron; a Macri parece no haberle hecho mella, acorazado como está por la protección del ala derecha del sector judicial y del férreo blindaje mediático del Grupo Clarín que lo prohijó en su campaña al poder. Un monopolio que el mismo día del balotaje con el kirchnerista Daniel Scioli, le marcó la cancha al ex dueño de Boca: publicó una nota sobre su esposa, Juliana Awada, en la que mencionó que los talleres textiles de su propiedad y en los que fabrica ropa para niños, están acusados de emplear “mano de obra esclava”.

 

En la Argentina se sabe: Clarín da y Clarín quita. Es Héctor Magnetto, la poderosa mano derecha de la reina del imperio, Ernestina Herrera de Noble, quien decide quien se va y quien queda. Su frase, cuando le preguntaron si quería ser presidente, es toda una definición: “puesto menor”, desechó Magnetto. Macri lo sabe, pero por ahora es el elegido. En estos meses el blanco del grupo –como lo es Dilma Rousseff de la gigantesca O Globo en Brasil- está en la ex presidenta Cristina a quien quieren ver en prisión. La clara persecución judicial que padece, sumada al acoso mediático por parte de Clarín y La Nación -más el de todas sus radios y repetidoras en el país- es pavoroso.

 

En su faz de provocador, Macri le ha dado la espalda al Mercosur y coquetea con la Alianza del Pacífico en su afán por volver a las “relaciones carnales” con Estados Unidos. En el aniversario de los 40 años del Golpe Militar de 1976 invitó a Barack Obama, presidente del país que diseñó el Plan Cóndor, responsable de millones de muertos en toda Latinamérica. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se negaron a compartir con ellos acto alguno. Pero la avanzada del “Pibe” no se quedó ahí: para el 9 de julio, el día en que se celebraron los 200 años de la Independencia Argentina del imperio español, invitó ¡al (decadente) Rey emérito de España! Juan Carlos de Borbón: de la misma estirpe contra la que pelearon los máximos héroes nacionales San Martín, Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes. En el acto central Macri hizo una libre interpretación de “la angustia” que, según él, habrían sentido los patriotas “al separarse de España”, mientras llamaba a su invitado “querido Rey”. Algo que indignó a la población. Advertidos del comportamiento pro-imperialista de Macri, ningún presidente sudamericano viajó a la Argentina para la ceremonia.

 

Claro está, sus decisiones no caen lejos del árbol de su formación ideológica: hijo de Alicia Blanco Villegas, una aristócrata ultraderechista de estirpe patricia, y de padre empresario y extranjero, Mauricio Macri creció mirando con admiración todo lo que fuese norteamericano o europeo en detrimento de la simiente popular y fuertemente peronista de “los negros de mierda” o “los cabecitas negras” como llaman despectivas las clases altas a los sectores obreros y pobres que conforman la mayoría argentina. La mayoría peronista.

 

En la biografía del actual presidente que escribió la periodista y diputada Gabriela Cerruti y a la que tituló “El Pibe”, hay numerosas escenas en las que ese padre padrone, no se privaba de insultarlo o ningunearlo frente a propios y extraños mientras lo forjaba para que lo sucediera en sus empresas y holdings.

 

Insultado por su padre

 

Nacido en Roma en 1930, Franco Macri, llegó como un albañil de 18 años a la Argentina y aquí forjó su inmensa fortuna. Temido y respetado por su poder económico y su habilidad para negociar con cuanto gobierno civil o militar haya pasado por la Casa Rosada (la sede del gobierno argentino), Macri es uno de los cofundadores de la llamada “patria contratista” o “patria financiera”: un verdadero estado paralelo dentro del Estado. En su apogeo armó y desarmó empresas y se alzó con la mayoría de las obras públicas más importantes de los últimos cincuenta años en todo el país. Amigo personal de Giovanni Agnelli, el dueño de la Fiat; y siempre cercano a la logia mafiosa P2 de su paisano Licio Gelli, Franco Macri llegó a ser el titular de la Fiat-Sevel en la Argentina. Una posición que habría perdido por la impericia de su hijo Mauricio, al cual culpó públicamente por ése y otros desastres financieros en Estados Unidos.

 

Así fue que escapando de ese progenitor feroz y de sus propios fracasos como empresario, el joven Mauricio llegó a la presidencia del Club de fútbol Boca Juniors en el que hizo sus primeras armas hasta el desembarco como alcalde de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). En Boca tuvo que vérselas con el astro Diego Maradona quien, para definirlo, solía decir de él “Macri tiene menos calle que Venecia”.

 

Macri no cuenta ni por asomo con la brillante verba de Cristina de Kirchner, una estadista capaz de exponer ideas y hechos durante horas sin escrito alguno, no sólo en la Argentina sino también ante foros internacionales como las Naciones Unidas. Tampoco posee ni el gracejo ni la cintura política de Menem. No. Macri balbucea, duda y hasta tartamudea en sus discursos. Su evidente inseguridad le impide hilvanar frases con independencia de los papeles que le escriben sus colaboradores. No es un secreto para nadie que ha llegado a depender para casi todo de su asesor de comunicación, el ecuatoriano Jaime Durán Barba: un confeso admirador de Adolf Hitler y una especie de Rasputín marquetinero que fue el creador del slogan “Cambiemos” con el que ganó la presidencia.

 

Durán Barba es quien lo aconseja y dirige hasta en las poses fotográficas. Las dos muestras que salieron a la prensa mundial fueron las escenas armadas con su esposa Juliana y la hijita de ambos en su despacho de Gobierno, emulando las legendarias imágenes en el salón Oval de la Casa Blanca del “Camelot” de John Fitzgerald Kennedy, Jacqueline Bouvier y los pequeños Caroline y John-John. O la que montaron en la fallida audiencia con el Papa argentino -y peronista- Francisco I, quien lo recibió con absoluta frialdad, y a la que la esposa del presidente acudió vestida de pies a cabeza como Jackie Kennedy en su momento con el Papa Pablo VI: misma mantilla e idéntico peinado.

 

Admirador hasta el delirio de Freddie Mercury, el líder de Queen, Macri insiste en imitarlo y bailar como él apenas puede. Aún en el histórico balcón de la Casa Rosada al que se asomaban Juan Domingo Perón y Evita. Es que el Pibe, el hijo del empresario sin escrúpulos que negoció con las dictaduras y la mafia internacional, no parece registrar talentos definidos: mal canta, mal baila, mal habla y, por ahora, aunque en la plenitud de su era y a poco más de seis meses de su mandato, salvo su inseguridad, nada es seguro.

 

Ricardo Lorenzetti, el presidente de Corte Suprema de Justicia, estuvo parado junto a Macri durante su asunción el 10 de diciembre de 2015.y, para felicitarlo, hasta le palmeó la espalda como un padre lo haría con un hijo. Sólo que de juez de la Corte a presidente recién asumido, la caricia tornó en un cuasi abrazo de oso: un gesto que ardería en cualquier protocolo. Pero ese trato de hombre experimentado a “joven recién llegado”, a novato protegido, no es algo que Macri no conozca de toda la vida.

 

(Marta Platía, periodista argentina. Escribe en el Página/12 de Argentina y está cronicando desde 2008 los juicios por delitos de lesa humanidad que se cometieron en la última dictadura cívico-eclesiástico-militar de ese país).

 

…………..

(Destacados de la edición alemana):

 

-En el club Boca Macri tuvo que llegar a un arreglo con Maradona.

 

-El Papa lo recibió muy reservado.

……

Politik

 

https://www.freitag.de/autoren/the-guardian/sicher-ist-nur-seine-unsicherheit/

MARTA PLATÍA

AUSGABE 3216 | 24.08.2016 | 06:00

Sicher ist nur seine Unsicherheit

Argentinien Präsident Macri folgt einem wirtschaftsliberalen Kurs, ohne wirklich Herr seiner Macht zu sein

Sicher ist nur seine Unsicherheit

Lässt bisher keine großen Talente erkennen: Mauricio Macri

Foto: Adam Berry/AFP/Getty Images

Unternehmer müssen die Nähe zur Macht suchen, lautet das Mantra von Franco Macri, Vater des heutigen argentinischen Präsidenten. Und der hat dieses Prinzip perfektioniert. Im Kabinett von Mauricio Macri sitzen nicht Ansprechpartner unternehmerischer Macht, sondern deren Inhaber höchstselbst. Die Ressorts werden fast zur Gänze von ehemaligen Konzernvorständen geführt, die bei Shell, JP Morgan, IBM oder HSBC das Sagen hatten. Damit ist in Argentinien nach der Präsidentenwahl 2015 erstmals eine ultrakonservative Regierung ohne die Hilfe eines Militärputsches an die Macht gelangt.

Die Folgen bekommen die Bürger täglich zu spüren: Die Gaspreise etwa sind seit Anfang 2016 um bis zu 2.000 Prozent gestiegen, anders als die Löhne. Zudem rollt eine Entlassungswelle durchs Land und hat bereits 160.000 Arbeitsplätze gekostet. Die Freigabe des Peso-Kurses und die Streichung der meisten Exportabgaben haben die mächtigen Agrar- und Bergbaukonzerne in einer Weise protegiert, wie das in der jüngeren Geschichte Argentiniens noch nie vorkam. Macris Wahlkampfversprechen „Null Armut“ ist Lichtjahre von der Realität entfernt. Kürzlich meinte er, ohne rot zu werden: „Hätte ich gesagt, was ich vorhatte, wäre ich auch gewählt worden, allerdings als Kandidat fürs Irrenhaus.“ Solche Töne erinnern die Argentinier an Sprüche, die sie – pointierter freilich – von ihrem früheren Präsidenten Carlos Menem (im Amt 1989 – 1999) zu hören bekamen. Dessen Politik der Privatisierungen und geplünderten Staatskassen ruinierte das Land und ebnete den Weg zum Wirtschaftskollaps von 2001.

Clarín gibt, Clarín nimmt

Auch wenn Macri nicht Menems Humor hat, teilt er dessen hochmütige Haltung, wenn ihm Steuerbetrug oder Korruption angelastet wird. Als die „Panama Papers“ enthüllten, dass der Präsident bis zu sieben Briefkastenfirmen unterhielt, verweigerte er zunächst jeden Kommentar und beschränkte sich später darauf, die Schuld seinem Vater zuzuschieben. Die Affäre konnte Macri wenig anhaben, da ihn der rechte Flügel des argentinischen Justizsystems ebenso schützte wie das Medienhaus Clarín, das schon im Wahlkampf sein Bestes für Macri gegeben hatte.

In Argentinien weiß man: Clarín gibt, und Clarín nimmt. Die Entscheidung liegt bei Héctor Magnetto, der einflussreichen rechten Hand von Konzernchefin Ernestina Herrera de Noble. Auf die Frage, ob er nicht selbst Präsident werden wolle, antwortete der, das sei ein „niederer Posten“. Einmal ließ der Mediengigant auch Macri gegenüber kurz die Muskeln spielen, und zwar just am Tag der Stichwahl gegen seinen kirchneristischen Widersacher Daniel Scioli am 22. November 2015. Plötzlich erschien eine Meldung darüber, dass einige Fabriken, in denen Macris Gattin Juliana Awada Kinderkleidung nähen ließ, der Sklaverei bezichtigt werden. Macri hat allen Grund, sich der Macht von Clarín bewusst zu sein. Doch einstweilen sitzt er im Sattel, und Clarín hat sich auf seine Vorgängerin Cristina de Kirchner eingeschossen, mit dem Ziel, sie hinter Gitter zu bringen.

Inzwischen hat Macri mit provokanter Geste dem Mercosur, dem gemeinsamen Binnenmarkt der Staaten Südamerikas, den Rücken gekehrt und kokettiert stattdessen mit der Pazifischen Allianz, um die Rückkehr zu einem engen Bündnis mit den USA voranzutreiben. Zum 40. Jahrestag des Militärputsches vom März 1976 lud er Barack Obama nach Buenos Aires ein, ausgerechnet den Präsidenten des Landes, das seinerzeit die teils faschistoiden Diktaturen Lateinamerikas bei der Operation Condor mit Zehntausenden von Todesopfern maßgeblich unterstützte. Die Opferorganisation der Madres de Plaza de Mayo blieb dem Gedenkmeeting aus Protest fern. Doch ließ es Macri nicht dabei bewenden. Zur 200-Jahr-Feier der argentinischen Unabhängigkeit am9. Juli 2016 lud er Spaniens König Juan Carlos de Borbón ein, der aus ebendem Herrscherhaus stammt, gegen das José de San Martín, Manuel Belgrano, Martín Miguel de Güemes und die anderen Helden der Selbstbestimmung einst kämpften. Kehrseite von Macris unkritischer Bewunderung für alles Nordamerikanische und Europäische ist die tiefe Verachtung des Unternehmer- und Patriziersprösslings für die unteren Schichten der argentinischen Gesellschaft. Zur Erklärung taugt die Vita des 1959 Geborenen.

Mauricio Macri war das erste von fünf Kindern des aus Italien eingewanderten Großunternehmers Franco Macri und der aus einer ultrarechten Patrizierfamilie stammenden Alicia Blanco Villegas. In dem Buch El Pibe (Pibe ist ein in Buenos Aires übliches Rufwort für männliche Jugendliche), das die linke Journalistin Gabriela Cerruti über Macri geschrieben hat, finden sich zahlreiche Episoden, denen zu entnehmen ist, wie der autoritäre Vater den Sohn vor Freunden und Fremden niedergemacht und zugleich darauf getrimmt hat, sein Firmenimperium zu übernehmen.

Vom Vater beschimpft

Macri senior, 1930 in Rom geboren, kam mit 18 Jahren als Bauarbeiter nach Argentinien und brachte es zum Selfmade-Multimillionär. Bewundert für seinen Erfolg und berüchtigt für sein Geschick, sich mit Zivil- und Militärregierungen gleichermaßen ins Benehmen zu setzen, zählt er zu den Architekten der sogenannten patria contratista einem Geflecht von Geschäftskontakten, das einen Staat im Staate bildet. Während der letzten 50 Jahre konnte sich Franco Macri landesweit die wichtigsten öffentlichen Bauaufträge sichern. Als Duzfreund von Fiat-Chef Gianni Agnelli und Teil des konspirativen Netzwerks um Licio Gellis mafiöse Freimaurerloge P2 übernahm er in den 80ern den Vorsitz der Firma Sevel, die Fiat-Modelle in Lizenz für den argentinischen Markt herstellte. Sein Sohn Mauricio allerdings – vom Vater zu seinem Nachfolger bei Sevel gemacht – fuhr die Firma 1996 an die Wand. Für diese und andere Pleiten musste er sich von dem Alten öffentlich beschimpfen lassen.

Um sich derartigem Patronat endlich zu entziehen und wirtschaftliche Misserfolge hinter sich zu lassen, ließ sich Mauricio schließlich zum Präsidenten des Fußballvereins Boca Juniors wählen, das richtige Sprungbrett für erste Schritte in die Politik, die zum Bürgermeisteramt von Buenos Aires führen sollten. Jedoch musste er sich beim Verein Boca mit dem großen Diego Maradona arrangieren, der ihn mit dem Satz zu verspotten pflegte: „Macri riecht noch weniger nach Straße als Venedig.“

Von der rhetorischen Verve seiner Vorgängerin Cristina de Kirchner, die stundenlange Vorträge ohne Manuskript zu halten pflegte, ist Macri weiter entfernt als vom mokanten Charme eines Carlos Menem. Als Redner wirkt dieser Staatschef, der seine Ausbildung allein an Privatuniversitäten erhielt, eher unsicher und bleibt auf vorgefertigte Sätze angewiesen. Er vertraut auf seinen Kommunikationsstrategen Jaime Durán Barba, eine Art Marketing-Rasputin, der zuweilen seiner Bewunderung für Adolf Hitler Ausdruck verleiht und Macri 2015 mit dem WahlsloganCambiemos! (Lasst uns wechseln!) beschenkte.

Durán berät den Präsidenten nicht zuletzt bei seinen Fotoposen. Zwei Motive gingen um die Welt: zum einen Macri mit Frau und kleiner Tochter in seinem Regierungsbüro, ganz im Stil der legendären Bilder von John F. Kennedy mit Jacqueline Bouvier und den Kindern Caroline und John-John im Oval Office. Und zum anderen die Fotos von einer Audienz bei Papst Franziskus – er empfing den neuen Präsidenten seines Heimatlandes äußerst reserviert –, auf denen Gattin Juliana Awada von Kopf bis Fuß wie eine Kopie von Jackie Kennedy erschien und an deren Treffen mit Papst Paul VI. am 2. Juli 1963 erinnerte: das gleiche Schleiertuch, die gleiche Frisur.

Ansonsten ist Mauricio Macri eher ein leidenschaftlicher Freddie-Mercury-Fan und lässt es sich nicht nehmen, den Queen-Sänger zu imitieren und dabei unbeholfen zu tanzen – und sei es auf dem geschichtsträchtigen Balkon der Casa Rosada, auf dem einst Evita und Juan Domingo Perón ihre großen Auftritte hatten. Derpibe, Sohn eines skrupellosen Großunternehmers, lässt bisher keine großen Talente erkennen: Er singt schlecht, tanzt schlecht, redet schlecht. Nach seinen ersten acht Monaten weiß man nur: Nichts ist sicher vor seiner Unsicherheit.

Bezeichnend für diesen Zustand des Souveräns war die Vorstellung, die Ricardo Lorenzetti, Vorsitzender des Obersten Gerichtshofs, am 10. Dezember 2015 bei der Zeremonie zur Amtseinführung Macris gab. Als der neben ihm stand, rang sich Lorenzetti zu einem väterlichen Schulterklopfen durch. So befremdlich diese Geste zwischen einem Obersten Richter und dem gerade inthronisierten Präsidenten wirken mochte, so sehr war sie auch ein Offenbarungseid – Macri ist es gewohnt, als Protegé und Grünschnabel behandelt zu werden.

Marta Platía ist eine argentinische Journalistin und schreibt unter anderen für die Tageszeitung Página/12 in Buenos Aires

Übersetzung: Michael Ebmeyer

 

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