Esta es la versión castellana de la nota aparecida este 11 de agosto de 2016 en Der Freitag, de Berlín, Alemania.

Der Freitag, Berlín, Alemania. Jueves 11 de agosto de 2016.

El presidente argentino Mauricio Macri sigue un rumbo económico, sin ser verdaderamente dueño de su poder

 

                                      Lo seguro es sólo su inseguridad

 

Nota-retrato de Macri en Der Freitag, de Berlín, Alemania. Jueves 11 de agosto de 2016.

Nota-retrato de Macri en Der Freitag, de Berlín, Alemania. Jueves 11 de agosto de 2016.

 

 

Por Marta Platía. 

Un empresario siempre debe ser oficialista para estar cerca del poder y beneficiar a sus empresas, solía repetir como un mantra Franco Macri, el padre del actual presidente argentino. Apenas desembarcado en la presidencia, el hijo le dio una vuelta de tuerca superadora al axioma: tomar el poder y beneficiarlas directamente y sin intermediarios políticos. Así, integró su gabinete casi en su totalidad con ex (y muy recientes) Ceos de multinacionales como la Shell, el JP Morgan, IBM o HSBC, entre otras.

Así, en sólo seis meses el resultado de semejante restauración de derecha ultraconservadora y neoliberal – la primera que llega a la presidencia sin ayuda de un golpe militar- está a la vista y se padece día tras día: tarifazos de hasta un dos mil por ciento de aumento en los servicios públicos como el gas; sueldos sin aumento; una ola de despidos que arrancó en diciembre y ya arrasó con más de 160 mil puestos de trabajo en el Estado y en el sector privado; apertura hacia el dólar, las importaciones y la más escandalosa transferencia de riquezas hacia los sectores privilegiados agrícolo-ganaderos, industriales y mineros que se ha visto en los 200 años de historia del país. Su promesa de campaña, “pobreza cero” está a años luz de la realidad: en el primer semestre de su mandato hay 4,5 millones de nuevos pobres.

Hace un par de semanas y sin ponerse colorado, Macri dijo: “Si yo decía lo que iba a hacer me votaban, pero para internarme en un manicomio”. Los argentinos evocaron de inmediato una frase similar, aunque dicha con más gracia, del ex presidente Carlos Menem cuyo mandato de una década de privatizaciones y saqueo del Estado, dejó al país en ruinas y al borde de lo que sucedió poco después: el estallido social y la caída de la Argentina del 2001.

Clarín da, Clarín quita

Si bien Macri carece del humor de su antecesor ideológico, lo que sí tiene en común con él es la naturalización y hasta la soberbia con la que ambos desmerecen los delitos de evasión fiscal o de corrupción que se les atribuyen y hasta se les han comprobado. Sobre el escándalo internacional de los Panamá-Papers, en el que se le descubrieron hasta siete empresas off shore -más otras tantas a miembros de su gabinete-, Macri se negó a responder ante la prensa local y, cuando lo hizo, se limitó a acusar a su propio padre. El tsunami informativo que originó la investigación del Süddeutsche Zeitung que se llevó puesto al llevó puesto al primer Ministro de Islandia y manchó sin remedio al Premier británico David Cameron; a Macri parece no haberle hecho mella, acorazado como está por la protección del ala derecha del sector judicial y del férreo blindaje mediático del Grupo Clarín que lo prohijó en su campaña al poder. Un monopolio que el mismo día del balotaje con el kirchnerista Daniel Scioli, le marcó la cancha al ex dueño de Boca: publicó una nota sobre su esposa, Juliana Awada, en la que mencionó que los talleres textiles de su propiedad y en los que fabrica ropa para niños, están acusados de emplear “mano de obra esclava”.

En la Argentina se sabe: Clarín da y Clarín quita. Es Héctor Magnetto, la poderosa mano derecha de la reina del imperio, Ernestina Herrera de Noble, quien decide quien se va y quien queda. Su frase, cuando le preguntaron si quería ser presidente, es toda una definición: “puesto menor”, desechó Magnetto. Macri lo sabe, pero por ahora es el elegido. En estos meses el blanco del grupo –como lo es Dilma Rousseff de la gigantesca O Globo en Brasil- está en la ex presidenta Cristina a quien quieren ver en prisión. La clara persecución judicial que padece, sumada al acoso mediático por parte de Clarín y La Nación -más el de todas sus radios y repetidoras en el país- es pavoroso.

En su faz de provocador, Macri le ha dado la espalda al Mercosur y coquetea con la Alianza del Pacífico en su afán por volver a las “relaciones carnales” con Estados Unidos. En el aniversario de los 40 años del Golpe Militar de 1976 invitó a Barack Obama, presidente del país que diseñó el Plan Cóndor, responsable de millones de muertos en toda Latinamérica. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se negaron a compartir con ellos acto alguno. Pero la avanzada del “Pibe” no se quedó ahí: para el 9 de julio, el día en que se celebraron los 200 años de la Independencia Argentina del imperio español, invitó ¡al (decadente) Rey emérito de España! Juan Carlos de Borbón: de la misma estirpe contra la que pelearon los máximos héroes nacionales San Martín, Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes. En el acto central Macri hizo una libre interpretación de “la angustia” que, según él, habrían sentido los patriotas “al separarse de España”, mientras llamaba a su invitado “querido Rey”. Algo que indignó a la población. Advertidos del comportamiento pro-imperialista de Macri, ningún presidente sudamericano viajó a la Argentina para la ceremonia.

Claro está, sus decisiones no caen lejos del árbol de su formación ideológica: hijo de Alicia Blanco Villegas, una aristócrata ultraderechista de estirpe patricia, y de padre empresario y extranjero, Mauricio Macri creció mirando con admiración todo lo que fuese norteamericano o europeo en detrimento de la simiente popular y fuertemente peronista de “los negros de mierda” o “los cabecitas negras” como llaman despectivas las clases altas a los sectores obreros y pobres que conforman la mayoría argentina. La mayoría peronista.

En la biografía del actual presidente que escribió la periodista y diputada Gabriela Cerruti y a la que tituló “El Pibe”, hay numerosas escenas en las que ese padre padrone, no se privaba de insultarlo o ningunearlo frente a propios y extraños mientras lo forjaba para que lo sucediera en sus empresas y holdings.

Insultado por su padre

Nacido en Roma en 1930, Franco Macri, llegó como un albañil de 18 años a la Argentina y aquí forjó su inmensa fortuna. Temido y respetado por su poder económico y su habilidad para negociar con cuanto gobierno civil o militar haya pasado por la Casa Rosada (la sede del gobierno argentino), Macri es uno de los cofundadores de la llamada “patria contratista” o “patria financiera”: un verdadero estado paralelo dentro del Estado. En su apogeo armó y desarmó empresas y se alzó con la mayoría de las obras públicas más importantes de los últimos cincuenta años en todo el país. Amigo personal de Giovanni Agnelli, el dueño de la Fiat; y siempre cercano a la logia mafiosa P2 de su paisano Licio Gelli, Franco Macri llegó a ser el titular de la Fiat-Sevel en la Argentina. Una posición que habría perdido por la impericia de su hijo Mauricio, al cual culpó públicamente por ése y otros desastres financieros en Estados Unidos.

Así fue que escapando de ese progenitor feroz y de sus propios fracasos como empresario, el joven Mauricio llegó a la presidencia del Club de fútbol Boca Juniors en el que hizo sus primeras armas hasta el desembarco como alcalde de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). En Boca tuvo que vérselas con el astro Diego Maradona quien, para definirlo, solía decir de él “Macri tiene menos calle que Venecia”.

Macri no cuenta ni por asomo con la brillante verba de Cristina de Kirchner, una estadista capaz de exponer ideas y hechos durante horas sin escrito alguno, no sólo en la Argentina sino también ante foros internacionales como las Naciones Unidas. Tampoco posee ni el gracejo ni la cintura política de Menem. No. Macri balbucea, duda y hasta tartamudea en sus discursos. Su evidente inseguridad le impide hilvanar frases con independencia de los papeles que le escriben sus colaboradores. No es un secreto para nadie que ha llegado a depender para casi todo de su asesor de comunicación, el ecuatoriano Jaime Durán Barba: un confeso admirador de Adolf Hitler y una especie de Rasputín marquetinero que fue el creador del slogan “Cambiemos” con el que ganó la presidencia.

Durán Barba es quien lo aconseja y dirige hasta en las poses fotográficas. Las dos muestras que salieron a la prensa mundial fueron las escenas armadas con su esposa Juliana y la hijita de ambos en su despacho de Gobierno, emulando las legendarias imágenes en el salón Oval de la Casa Blanca del “Camelot” de John Fitzgerald Kennedy, Jacqueline Bouvier y los pequeños Caroline y John-John. O la que montaron en la fallida audiencia con el Papa argentino -y peronista- Francisco I, quien lo recibió con absoluta frialdad, y a la que la esposa del presidente acudió vestida de pies a cabeza como Jackie Kennedy en su momento con el Papa Pablo VI: misma mantilla e idéntico peinado.

Admirador hasta el delirio de Freddie Mercury, el líder de Queen, Macri insiste en imitarlo y bailar como él apenas puede. Aún en el histórico balcón de la Casa Rosada al que se asomaban Juan Domingo Perón y Evita. Es que el Pibe, el hijo del empresario sin escrúpulos que negoció con las dictaduras y la mafia internacional, no parece registrar talentos definidos: mal canta, mal baila, mal habla y, por ahora, aunque en la plenitud de su era y a poco más de seis meses de su mandato, salvo su inseguridad, nada es seguro.

Ricardo Lorenzetti, el presidente de Corte Suprema de Justicia, estuvo parado junto a Macri durante su asunción el 10 de diciembre de 2015.y, para felicitarlo, hasta le palmeó la espalda como un padre lo haría con un hijo. Sólo que de juez de la Corte a presidente recién asumido, la caricia tornó en un cuasi abrazo de oso: un gesto que ardería en cualquier protocolo. Pero ese trato de hombre experimentado a “joven recién llegado”, a novato protegido, no es algo que Macri no conozca de toda la vida.

(Marta Platía, periodista argentina. Escribe en el Página/12 de Argentina y está cronicando desde 2008 los juicios por delitos de lesa humanidad que se cometieron en la última dictadura cívico-eclesiástico-militar de ese país).

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(Destacados de la edición alemana):

 

-En el club Boca Macri tuvo que llegar a un arreglo con Maradona.

-El Papa lo recibió muy reservado.